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Adolescencia: compañía, amor, paciencia y diálogo.

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¿Ya entro a la adolescencia? Conoce cómo vive tu hijo esta etapa de la vida y cómo puedes ayudarlo a salir triunfante.

 

La adolescencia se define como un proceso biológico y psicológico de gran relevancia en la vida de las personas, en orden a la consolidación de su ser más personal y a su realización vital. Si bien, no se da del mismo modo en todas las culturas, el paso por esta etapa marca el umbral de la llegada de la edad adulta y, con ello, la definición de la identidad y el establecimiento de un modo consistente de ir por la vida con decisiones y conductas más determinadas orientadas hacia fines que provean de mayor bienestar físico y mental.

 

 

 

Desde un plano biológico, lo que nombramos como adolescencia refiere una serie de cambios hormonales y orgánicos importantes, que son distintos en hombre y mujeres, pero que en común marcan el desarrollo sexual que se muestra en el cuerpo con disposiciones para la reproducción, la atracción sexual y la posterior elección de pareja.

 

 

 

Por otro lado, desde un plano psicológico, la adolescencia remite a nuevas maneras que quien deja de ser niño tiene para sentirse y mirarse a sí mismo. Se despiertan deseos incesantes de ser únicos, particulares, originales, es decir, ellos mismos. Su sensación del espacio y del tiempo cambia y se vuelven más concretas, menos fantasiosas para tomar un tono de idealistas. Son afectos a experimentar y agravar sus diferencias individuales frente al exterior. Se saben, de repente, más altos o bajos, más gordos o flacos, más atractivos o menos atractivos ante los demás. Esto genera en muchos casos confusión, extrañeza, impulsividad, vergüenza o autoridad. Sin embargo, hay algunas cosas que mantienen de su vivencia psicológica infantil: la necesidad de depender afectivamente de sus padres, la poca tolerancia a la frustración y la urgencia en el tiempo ante lo que desean y no consiguen.

 

 

 

Para algunas teorías psicológicas como el psicoanálisis, esta etapa implica una reedición de los procesos infantiles no resueltos. Es decir, la adolescencia sería un momento crucial para terminar de desarrollar procesos de la infancia que quedaron incompletos, tales como el desapego sano de los padres y un modo menos mágico y más realista de juzgar la vida. Por esto, exige este proceso una gran cantidad de energía física y mental por parte del adolescente, quien se encuentra en la batalla de conseguir una identidad afirmada, pero a la vez, sufre el duelo de las pérdidas que trae consigo dejar de ser un niño y comenzar a tomar la vida por sí mismo bajo la mirada a distancia de los padres, quienes frecuentemente se sienten confusos, perdidos y desplazados en dicho proceso.

 

 

 

 

Desde la consideración del carácter social del proceso adolescente encontramos que las amistades se vuelven muy importantes, la necesidad de pertenencia a un grupo se torna primordial, la necesidad de distinguirse de los mayores crece como la espuma y los conflictos con éstos se convierten en una constante… la necesidad de distinguirse de los mayores crece como la espuma y los conflictos con éstos se convierten en una constante.

 

 

 

Como vemos, le suceden muchas cosas al adolescente y su capacidad de respuesta a estos cambios se ve ampliamente comprometida por sus bases biopsicológicas y su ambiente social. Es decir, hay una gran exigencia interior y exterior para que el adolescente llegue a ser aquello que se pauta en su propio cuerpo, psique y círculo social. Esto lleva en la mayoría de las ocasiones a sentimientos de frustración, confusión, ira, miedo y pérdida de control, no sólo del joven, sino también de los padres y quienes conviven con él.

 

Si miráramos este proceso bajo la imagen de la oruga que deviene en mariposa tendremos que decir que todo proceso de metamorfosis implica destrucción de lo viejo para un nuevo renacer.

 

 

 

 

 

  • ¿Qué debes tener en cuenta en este proceso?

Que ellos mismos también se encuentran en un proceso de gran contraste, pues muchas vece puedes sentir que has perdido la posibilidad de saber con quién estás lidiando, a quien acompañas, ¿dónde quedó mi peque- ño o mi pequeña se preguntan algunos? Ahora ya no estás frente a aquel idílico ser de quien recibían admiración, obediencia, cariño incondicional y momentos armoniosos, pues tu hijo se convierte en un duro crítico y señalador de las imperfecciones del modo en que gira el mundo social y familiar. Se presentan ahora problemas que no se resuelven con castigos o regaños. Tu hijo se presenta con dilemas existenciales de los cuales no puede venir una respuesta inmediata, sino un proceso de búsqueda que trae consigo incertidumbre, desconocimiento, necesidad de compañía y aventura.

 

 

 

“Tu hijo se presenta con dilemas existenciales de los cuales no puede venir una respuesta inmediata, sino un proceso de búsqueda que trae consigo incertidumbre, desconocimiento, necesidad de compañía y aventura.”

 

 

 

 

 

  • ¿Cuáles son las actitudes básicas que puedes cultivar en esta etapa?

Sin duda, la paciencia. Sé consciente que tanto tú como tu hijo están viviendo una etapa nueva en su familia de la cual necesitan aprender que no siempre se tendrán las soluciones inmediatas ante los conflictos.

Acércate para escuchar a tu hijo. Muchos padres se sienten violentados y desplazados de la vida de los hijos adolescentes, pero el grito de ellos representa una gran necesidad de saberse acompañados. Muchos padres no saben cómo dialogar con ellos, pues se enfrentan a la molestia, al enojo, al rechazo. Es el momento de aprender.

Sé firme ante las reglas de casa, pero piensa en cuáles de ellas no están funcionando en relación a la vida de tu hijo y al tiempo y circunstancias que él vive.

La lucha de poder entre los padres y los adolescentes puede estar a la orden del día en su relación familiar y ante esto sólo queda el diálogo. No significa que cambiarás todas las reglas a la manera de lo que desee tu hija o hijo, sino que puedes poner en diálogo aquellas que no respondan a la situación y, una vez dialogadas, deberán ser firmemente respetadas y cultivadas.

Nunca dejes de ser papá o mamá. Ante la confusión de cómo ser un buen padre o una buena madre de los hijos adolescentes existe el riesgo de “ponerte a su nivel”, de “ser uno de ellos”. Esto sería muy nocivo para el proceso, la autoimagen y la identidad del adolescente, pues ellos necesitan un padre y una madre en su rol, sin ambigüedades. Deben ser bien distinguidos los roles paternos de los roles filiales.

 

 

 

Ofréceles la confianza que piden, pero acompáñala de responsabilidades y reciprocidad. El adolescente está ensayando su libertad, pero ésta debería traer consigo mayor responsabilidad, pues ésta les permite vivirse dentro de la realidad. La adolescencia se vive en los hijos como un proceso de libertad absoluta, donde todo es posible, donde “nada me ata nunca más”, donde “todos los sueños se van a cumplir”. Convertirse en adulto también significa hacerse cargo de la realidad y no hay nada más ilusorio que pensar que somos libres sin más. Tu hijo puede soportar mayor responsabilidad en la medida en que expresen una mayor necesidad de libertad, ya que están en el proceso de ser ellos mismos sin depender de los demás, pero llegar a ser uno mismo también implica ser más responsable ante los demás y el mundo.

 

 

 

 

Sé atento a las señales de anormalidad: si tu hija o hijo se aíslan del resto de sus compañeros, si sus expresiones son oscuras o tristes, si encuentras que se autolastima (chicos y chicas que se cortan, se flagelan, soportan la violencia de otros sin renegar), si su autoestima ha descendido o si son menos empáticos con los otros, si sus relaciones son demasiado conflictivas o tóxicas, si mienten compulsivamente o tienen una baja relevante en su rendimiento escolar. Estas señalas, sin duda, pueden ser una manifestación de que algo en su proceso de desarrollo está exigiendoles demasiado y está comprometiendo sus fuerzas. Pero, ¿cuál es la nota esencial de estos consejos compartidos? Compañía, amor, paciencia, diálogo: la mente de un adolescente no podrá madurar de manera óptima ni a su paso si éste no se siente acompañado, visto, reconocido y amado. La fachada exterior de un adolescente puede expresar lo contrario, pero recordemos que como padres tenemos la misión de ver más allá de la fachada, de ver a nuestros hijos en lo profundo de su ser.

 

 

 

 


 

Por: Por Dr. Oscar Valencia
Salud Mental Integral / saludmentalintegral.mx

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