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Educar para la compasión.

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La compasión es también una habilidad más para el crecimiento y el desarrollo sano de los hijos. ¿Cómo enseñarles a reemplazar la indiferencia por la empatía?

 


 

 

“Jamás siento tanto que doy algo como cuando lo recibes tú, cuando comprendes la alegría que siento al dártelo. Sabes que si te lo doy no es para que me lo debas sino porque así vivo el amor que siento por ti”. Ruth  Bebermeyer.

 

Cuando leemos algún escrito que nos remonta a experiencias vividas pensamos en la grandeza  del ser humano. Como el poema que inicia esta lectura; un escrito que muestra claramente el significado de la compasión.

 

Las personas estamos inmersas en la cotidianidad, a veces, no nos damos cuenta de los momentos de felicidad que nos da el compromiso con las demás personas. Las relaciones humanas son el tejido social que nos sostiene, que nos ayuda, que nos alimenta.

 

Con el paso del tiempo y con las experiencias dolorosas que se van viviendo, las personas nos vamos haciendo insensibles, como si el alma se fuera pavimentando, y cuando escuchamos el término compasión, no nos suena a nada, no sentimos nada. Es importante educar en la compasión. Como papás y mamás estamos al pendiente de nuestras hijas e hijos; los cuidamos, los alimentamos y generamos expectativas sobre sus vidas. Y la compasión es también una habilidad más para el crecimiento y el desarrollo sano de los hijos.

 

Entonces, ¿qué es la compasión? La compasión es una emoción que implica sentir el sufrimiento compartido combinado con un deseo de aliviar o reducir el sufrimiento de los otros y asimismo ofrecer bondad especial a los que sufren.

 

La compasión surge esencialmente a través de la empatía, y se caracteriza a menudo por medio de acciones, cuando una persona actúa con compasión tratará de ayudar a aquellos por los que siente esa emoción.

 

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Los actos compasivos son generalmente considerados como los que toman en cuenta el sufrimiento de los demás y el tratar de aliviar ese sufrimiento como si fuera propio. Claro, se requiere una actitud distinta, no podrás ser una persona compasiva si siempre estás generando juicios moralistas, si siempre estás haciendo comparaciones. Hay un autor, Rosemberg, que afirma que hacer comparaciones es igual a: “…convertirse uno mismo en un desgraciado”.

 

Tampoco podemos ser compasivos si negamos las responsabilidades, si somos autoritarios y exigentes –sobre todo si somos sólo para que los hijos sientan el rigor de la autoridad–  y, por último, vivir el mito de que hay actos que merecen recompensa y otros que merecen castigo.

 

En el sentido de seguir insistiendo en que promuevas vínculos seguros y afectivos con tus hijas e hijos, es importante que tomes en cuenta la educación para la compasión. Porque si tejes esos vínculos, tus hijos e hijas estarán a salvo de muchos peligros físicos y emocionales que pueden tener en su camino de vida. Recuerda que es fácil enseñar a obedecer, lo difícil es enseñar a tomar decisiones que impliquen un desarrollo y crecimiento.

 

No podemos tener a nuestras hijas e hijos en una burbuja de cristal para que no les pase nada, lo importante es ayudarles a desarrollar habilidades para la vida. Queda prohibido decir te quiero y no demostrarlo.

 

Una de las principales actitudes que podemos cambiar para ser compasivos es deshacer el pensamiento engañoso de que los demás hacen cosas para lastimarnos. Lo que hacen y dicen los demás puede ser el estímulo, pero nunca es la causa de nuestros sentimientos, y ya que nuestros sentimientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás, así como nuestras expectativas y deseos particulares y actuales. Ser responsables de nuestros sentimientos es darnos cuenta de lo que sucede, tomar distancia y considerar cómo se generan los sentimientos y lo que se produce al sentirlos.

 

Imaginemos que alguien transmite un mensaje negativo, qué hacemos comúnmente:

 

  1. Lo tomamos de forma personal. Nos echamos la culpa a nosotros mismos
  2. Echamos la culpa a los demás, con cierta irritación y de manera irresponsable
  3. Nos damos cuenta de nuestros sentimientos y debilidades
  4. Nos damos cuenta de los sentimientos y necesidades de los demás

 

Las necesidades ocultas son las razones de las culpas, las discusiones y los conflictos en las relaciones humanas cotidianas. Te invito a reflexionar, vivirlo y enseñarlo, primero con el ejemplo y después con algunas charlas sobre el tema en espacios de convivencia al interior de tu familia.

 

Practica la compasión con tus hijos, toma en cuenta su edad y capacidades cuando les encomiendes una tarea. Si se equivocan o tardan más de lo que esperas en hacerlo, ayúdalos y acompáñalos con amor y compasión para que de ellos nazca el deseo de hacerlo mejor la próxima ocasión.

 

 

 


Dra. Carlota Eugenia Tello Vaca
Consejo Consultivo, Fundación PAS
*Artículo originalmente publicado en el nº15 de Yei!

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