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Niños Consentidos-Adultos Frustrados.

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Hablamos de niños consentidos cuando los menores carecen de límites, se les permiten actividades que no corresponden a su edad, se les complace todo capricho y se perciben a sí mismos como el centro del mundo esperando siempre que los demás respondan a sus peticiones y resuelvan sus necesidades.

 

 

Los cambios en estilo de crianza que experimentamos en la actualidad están enormemente influidos por el momento histórico social. Anteriormente, durante la modernidad, se manejó el modelo autoritario donde los padres de familia eran figuras a las cuales había que obedecer sin cuestionamiento. En la posmodernidad se pasó al lado opuesto con la creencia de que cualquier manifestación de autoridad podía ser catalogada como autoritarismo y los padres presentan un estilo de crianza donde no establecen límites a sus hijos. Los padres fueron tan obedientes que ahora obedecen a sus hijos. Pareciera que hay miedo a educar a los menores.  

 

 

Se cuestiona el modelo autoritario de antaño, se ha permitido una democratización dentro de las familias, hay negociación, mediación y búsqueda de consenso, situación que puede llevar a un golpe de estado doméstico donde los hijos toman el poder de la casa.

 

 

Ahora los padres pasan más tiempo en el trabajo y menos en el hogar. Esto puede ocasionar sentimientos de culpa y puede buscar suplir la ausencia con el consumismo o complacencia. Es decir, ya no se juega con los hijos, se busca dar el juguete (se reemplaza la presencia con el objeto). Es claro que queremos darles a todo lo que está dentro de nuestras posibilidades, buscando que su vida sea mejor que la que nosotros tuvimos. Lo peligroso sucede cuando en esta necesidad de mejorar su entorno caemos en un extremo.

 

 

 

La educación tiene dos funciones: la nutritiva y la normativa. La primera favorece que la persona se reconozca, desarrolle seguridad en sí misma, esté protegida, alentada, contenida. La segunda que se basa en la autoridad tiene como función limitar, poner reglas, ayudarle a regularse e interactuar estableciendo rutinas, responsabilidades, consecuencias.  Es aquella que dice ¡no! y busca formar seres humanos conscientes y responsables.  Hoy experimentamos una crisis en la educación normativa frente a un exceso de crianza nutritiva cuyo resultado son niños y jóvenes con muy baja tolerancia a la frustración, incapaces de postergar la gratificación, con dificultad para elaborar su proyecto de vida y proyectarse a futuro y con poca capacidad para enfrentar el esfuerzo.

 

 

Para evitar esto nos toca acompañar a nuestros hijos, permitirles equivocarse, experimentar el enojo, frustración, la impaciencia que a todos nos tocó vivir. Evitemos tener miedo a que sufran, es parte de la vida y nos fortalece. Todo proceso educativo implica la presencia de límites.

 

 

Los límites en la vida son necesarios para evitar daño (hacia uno mismo y hacia los demás) y existen en todos lados. El amor hacia nuestros hijos no debe cegarnos ante situaciones donde puedan afectarse a ellos, a los demás o a su entorno. Recordemos que un mal comportamiento proviene usualmente de una necesidad no cubierta. Tiene siempre un trasfondo. Si solo castigamos o ignoramos no podrá solucionarse el problema y no estaremos realmente acompañando y atendiendo la necesidad de nuestros hijos.

 

 

Al momento de corregir es importante aplicar consecuencias lógicas a la falta y evitar premiar o castigar. Revisemos las diferencias que existen entre estos conceptos:

 

 

Los Premios Los Castigos
·    No ayuda a reconocer la conducta adecuada, sino a esperar la “recompensa” únicamente.

·    Manda el mensaje de que la acción no tiene valor por sí misma, el premio se vuelve más importante que la conducta.

·    Van reduciendo la iniciativa, el niño se acostumbra a hacer algo solo si hay algún premio.

·    No le permites a tu hijo sentirse orgulloso por sus logros.

·    El premiar es equivalente a entrenar, tal como se hace con un animal (perro, foca, delfín, etc.)

·    No cambian a la persona, solo la atemorizan y la hieren.

·    Fomentas la doble moral (cuando estas no presentan la conducta no deseada, pero en cuanto no estás presente ésta se lleva a cabo).

·    Generan culpa e irresponsabilidad.

·    No permite al niño comprender que para cualquier conducta hay consecuencias por lo que tenderá a culpar a otros de sus circunstancias.

·    El castigo no tiene ninguna relación con la falta (ej. Le pegó a su hermano, entonces no puede ver la TV).

 

 

Los Reconocimientos

 

Consecuencias lógicas a la falta

·    Se llevan a cabo después de que el niño hizo una determinada acción sin haberlo condicionado previamente a realizarla.

·    Se otorgan en casos excepcionales cuando el niño superó expectativas o hizo algo extraordinario que no estaba contemplado.

·    Se enfatiza lo excepcional de la situación o conducta y se refuerza la conducta, no el premio.

·    Lo más cotidiano es reconocer al otro de manera verbal o afectiva (ej. Dar un abrazo, decirle ¡me siento orgulloso de ti!)

·    La clave es actuar proporcionalmente a la gravedad de la falta cometida.

·    Llamar la atención de manera firme.

·    No solo le digas qué no, dile cómo sí deben hacerse las cosas.

·    Sé claro al pedir las cosas y establece periodos de tiempo razonables para su cumplimiento.

·    Acuerda la reparación del daño causado.

·    Permítele experimentar la consecuencia desagradable provocada por su conducta (ej. No pone el uniforme sucio en el cesto para ser lavado, si no se le lava el uniforme deberá portar al día siguiente el uniforme sucio)

 

 

 

Es importante diferenciar cuando queremos regalar algo. Regala algo por el gusto de regalarlo, sin condicionar el regalo ni por sanar tus propias culpas.  Procura que cuando regales algo, no se asocie con una conducta no deseada de tu hijo, ya que en vez de regalar algo por amor, estarías reforzando ese mal comportamiento.  Los regalos deben ser libres y espontáneos, fuera de chantajes o condiciones.

Es posible corregir con amor, modelando conductas deseadas y frenando comportamientos que entorpezcan el desarrollo emocional del niño. De nosotros depende evitar criar futuros adultos que se sientan víctimas de las circunstancias, sin autocrítica ni posibilidad de corregir y mejorar.

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